VALENCIA: Denuncian a 15 policías por malos tratos a los dueños y clientes de un bar boliviano
Las víctimas aseguran que sufrieron además todo tipo de vejaciones y humillaciones.
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«Esto es una redada, hijos de puta, las manos fuera de los bolsillos», con estas palabras, según la propietaria de un bar boliviano situado en el número 19 de la calle Gandia de Valencia, irrumpieron a las dos de la madrugada del pasado viernes un grupo de quince agentes del Cuerpo Nacional de Policía -algunos de ellos del grupo de antidisturbios- en el citado establecimiento «armados com porras eléctricas y extensibles». A partir de ese momento, siempre según la denuncia presentada por las presuntas víctimas, se vivieron momentos de mucha tensión cuando los policías golpearon «con dureza», presuntamente, a varias personas hasta llegar a causar a una de ellas «retención de líquidos en el cerebro» -como se refleja en el parte médico-.
La «pesadilla» relatada por Elena A., dueña del local, comenzó sobre las dos de la madrugada cuando los policías «entraron gritando. Un grupo subió al piso de arriba, otro se quedó en la planta inferior y un tercero se colocó en la puerta para impedir la entrada y salida». Poco después, «vi como bajaban a una clienta por las escaleras arrastrándola por el pelo y dándole puñetazos. Al recriminarles lo que estaban haciendo, un policía me cogió por el cuello y me retorció el brazo izquierdo, del que estoy operada cuatro veces. No les importó que estuviese embarazada».
Luego, otros agentes cogieron, supuestamente, a la hermana de la dueña del local «y le pegaron un codazo en el estómago al tiempo que la hicieron caer al suelo, donde la pisotearon». No obstante, la peor parte, según la denuncia, se la llevó J. L. S. C., un cliente al que «le causaron daños cerebrales al darle cabezazos contra el maletero de un coche patrulla».
Las supuestas víctimas fueron trasladadas «esposadas» hasta los calabozos de comisaría. «Durante el cacheo, en el que estábamos desnudas, dos policías varones estuvieron mirándonos en todo momento. Además, nos humillaron, nos vejaron e insultaron hasta límites insospechados», manifestó Elena.
La dueña del bar añadió que hubo un detalle que le llamó «especialmente» la atención: «Cuando le pidieron el DNI a mi hermana y vieron que era española se mostraron muy aturdidos, lo cual me lleva a pensar que todo la movida iba dirigida a los inmigrantes que se reúnen habitualmente en mi local». «Además», apostilló, «tuvimos que esperar 21 horas en los calabozos -sin que nos diesen una gota de agua- para poder hablar con nuestro abogado». Elena afirmó que durante este tiempo «vimos lo que sucede ahí dentro, como trataron a otros detenidos, y es algo tan duro que no se me va a olvidar nunca».
12/08/2005 09:59