La alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, y el presidente de la Generalitat Valenciana, Francesc Camps, ambos pertenecientes al Partido Popular, brincaron de alegría al hacerse pública, el 26 de noviembre de 2003, la elección de Valencia como ciudad-sede de la Copa de América, el torneo de vela que comenzara en 1851. El consorcio Valencia 2007 pagó a los organizadores 90 millones de euros en concepto de canon. La noticia venía de perlas para la agenda de megaproyectos del PP en el País Valenciano: la Ciudad de la Artes y las Ciencias, Terra Mítica, la Ciudad de la Luz o la visita del Papa (el conjunto de estos proyectos ha sido objeto de escándalos de diversa envergadura, como el caso de las facturas falsas de Terra Mítica). Además, el proyecto se adaptaba perfectamente a la agenda electoral: la parte más jugosa de la competición se desarrollaría en estos meses de 2007, es decir, en plena campaña electoral autonómica, en la cual el PP da muestras de intranquilidad ante la posibilidad de perder el poder que, con mano de hierro, ha ejercido en los últimos doce años.
Urbanismo
Las actuaciones más polémicas del PP valenciano han sido en el fructífero campo del urbanismo. La costa valenciana ha sido severamente castigada por unas políticas depredadoras hacia el territorio, tal como denunció en un informe de la UE un grupo de diputados del Parlamento Europeo en una reciente visita, censurada ferozmente por el PP, a diferentes puntos de la costa valenciana. La ciudad de Valencia, con Rita Barberá a su cabeza, no ha escapado a la lógica del ladrillo. Y la Copa de América ha sido uno de los puntos fundamentales de esta remodelación. “Valencia está muy bonita”, aducen desde el PP. El Ayuntamiento está potenciando una dualidad en lo que a urbanismo se refiere, responden arquitectos, urbanistas y economistas. En realidad, el modelo actual del PP de Camps y Barberá sólo ha tratado de superar el modelo Benidorm de Eduardo Zaplana con el modelo Florida de nuevo cuño.
La dualidad de Valencia se observa frente al gran hotel de lujo que ha sustituido al antiguo complejo de Las Arenas, donde persisten las casas de los barrios marítimos de El Cabanyal. Desatendidos durante años de forma intencionada por el Ayuntamiento, los barrios que viven de cara al mar han sido objeto de un mobbing de las instituciones de cara al proyecto de ampliación de la avenida Blasco Ibáñez, que supondría la destrucción del precioso barrio de El Cabanyal- Canyamelar. Pero no son precisamente los maltratados vecinos de El Cabanyal los más perjudicados por este evento internacional. Los vecinos de La Punta fueron salvajemente desalojados, sus casas y cultivos destruidos, por el proyecto del Ayuntamiento de ampliación del puerto con una Zona de Actividades Logísticas (ZAL). Ahora, en lo que era el puerto de Valencia se encuentra el enorme recinto preparado para la Copa del América, con puerto deportivo, paseo, tiendas, ocio y diversión.
Élite
Si la publicidad en los medios de comunicación ha sido intensa, no tanta ha sido la repercusión social de la Copa de América. Caracterizado por ser un deporte exclusivo para una minoría, muy en sintonía con el PP valenciano, los competidores pertenecen a selectas élites de todo el mundo. Entre los enormes gastos del evento figuran las familias de los cientos de regatistas, ingenieros, mecánicos, directores de marketing, relaciones públicas y diseñadores de ingeniería de vela que componen, entre otros, los 12 equipos. Todo ello exige la construcción de nuevos colegios privados multilingües cercanos a las urbanizaciones de lujo destinadas a esta élite. Esto incluye además fiestas privadas de lujo para círculos reducidos, desfiles de las diferentes marcas patrocinadoras, etc.
Se equivoca quien piense que verá algo de la competición desde las instalaciones de la America’s Cup en el puerto. Mejor será seguirla desde el sofá, ya que los únicos que disfrutarán de las regatas serán aquellos que dispongan de alguno de los 20 megayates de lujo que alberga el recinto. El lujo, evidentemente, se paga caro: 1.961 millones de euros (aportados por la Generalitat Valenciana y la Administración central), destinados mayoritariamente a las instalaciones del puerto, según el Informe de Impacto Económico de la America’s Cup presentado el pasado marzo.
SEGURIDAD
La psicosis securitaria inunda la America’s Cup. La celebración del evento ha supuesto el mayor despliegue de seguridad de la historia del País Valenciano: más de 2.000 agentes (policías locales y nacionales, Guardia Civil, Armada, Marina Mercante y seguridad privada). La Armada proporciona tres embarcaciones (un buque cazaminas, un helicóptero y un equipo de detección de explosivos). La Policía Nacional aporta 910 agentes, dos helicópteros y una embarcación. Junto a otras generosas aportaciones, en total cinco helicópteros y 24 embarcaciones, además de las motos acuáticas de la Benemérita o los perros olfateadores. Todo ello sin contar la vigilancia de 24 horas al día del recinto completo a través de 200 cámaras, micros de escucha, barreras de infrarrojo y sistemas de detección volumétrica, además de controles a los vehículos con mecanismos de detección de explosivos y el sónar de alerta ante cualquier intromisión submarina en la franja marítima. Y por supuesto, los controles a cada persona que pretenda acceder al recinto. La entrada libre, pero filtrada.
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