La Carta al señor Clausel de Coussergues sobre la Inquisición española, del historiador y sacerdote afrancesado de principios del siglo XIX Juan Antonio Llorente, que incluye el primer cómputo historiográfico de víctimas de la Inquisición, ha sido publicada por primera vez en el reino borbónico y en castellano. Los datos son escalofriantes como comprobarán si hacen clic en "Leer más".
El documento, traducido por Christina Linares del Castillo, ha sido editado por la editorial sevillana Renacimiento como añadidura a una nueva edición de 'España y la Inquisición', obra mayor del propio Llorente, en edición del historiador Michel Boeglin, profesor titular de Literatura e Historia españolas en la Universidad Paul Valéry, de Montpellier (Francia), especialista en la historia del Santo Oficio.
La 'Carta' de Llorente se convirtió en un 'best-seller' en su época y fue traducida de inmediato al inglés, alemán, italiano y holandés, aunque en la España del Borbón Fernando VII no pudo publicarse.
Este texto fue la respuesta de Llorente al ultrarrealista francés Clausel de Coussergues, quien en 1817 presentó una iniciativa en la Cámara de los Diputados francesa para que el Gobierno dejara de pagar pensiones a los exiliados portugueses, egipcios y españoles en suelo francés, entre ellos los numerosos afrancesados que hubieron de huir tras la retirada napoleónica, como el propio Llorente.
De Coussergues argumentaba que la Inquisición no representaba, a aquellas alturas, un peligro para los emigrados que volvieran a su tierra, a lo que Llorente replicó con su carta abierta describiendo lo que había sido la Inquisición en la historia y, según Boeglin, denunciando 'la iniquidad profunda' de este tribunal y de las actuaciones de sus jueces a lo largo de la historia española.
Llorente, que en su periodo español había trabajado para la Inquisición como secretario, reconocía en su carta que la tortura y la muerte no se aplicaban desde hacía años por el Santo Oficio, pero recordaba que el simple hecho de no ser abolido 'constituía una amenaza insoportable para cualquier espíritu imbuido de los derechos de la persona', según Boeglin.
'La invitación periódica a delatar, los penosos trámites del tribunal, el anonimato de las denuncias, el secreto de las acusaciones y la deshonra que recaía en los condenados' hacían de la Inquisición, dice Boeglin, 'un instrumento de poder anacrónico, arbitrario y, por tanto, sobradamente peligroso y dañino'.
Así lo certificó en la misma época el sevillano José María Blanco White, obligado a exiliarse en Inglaterra por abrazar el protestantismo y que dejó escrito cómo 'pesa sobre un alma que conoce su dignidad y sus derechos' la Inquisición 'en una ciudad de provincia en España', en su caso Sevilla.
En su 'Carta', de unas veinte páginas en esta edición, Llorente contabilizaba, desde el año 1481 hasta 1788, 34.382 quemados en la hoguera, a los que habría que sumar 17.690 'quemados en estatua (condenados fugados o fallecidos) y 291.450 condenados a reclusión.
En su 'Historia de los heterodoxos españoles', el carpetovetónico Marcelino Menéndez Pelayo califica a Llorente como 'canónigo volteriano, escritor venal y corrompido... dos veces renegado, como español y como sacerdote'.
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